Arte, televisión y solidaridad
Entrevista

Carlos Roldán López:
«La estética solidaria es sobre todo antisolidaria: incide en dar lo que sobra»

Introducción

Tres mini piezas sobre la solidaridad

Piezas breves

«El tipo muerto frente a la floristería»
Escena de Alejandro Jornet

«El amigo invisible (instrucciones para un sudoku)»
Escena de Ruth Vilar

«Agua de arroz»
Escena de Wladimir Veral




 

 

LA TEATRALIZACIÓN DE LA BENEFICENCIA

Artistas, televisión y solidaridad:
un equilibrio difícil de mantener

 

La Teletón chilena es quizá la mayor performance televisiva mundial con fines benéficos. Son 27 horas de emisión ininterrumpida y se transmite por todos los canales del país. Los artistas colaboran sin cobrar un peso y las empresas que adhieren a la campaña aportan un porcentaje de las ventas de algunos productos. Si bien el programa ha conseguido logros notables, también plantea preguntas inquietantes sobre el papel que desempeñan los artistas.

 

Alejandra Garrido
alejandramelfi [arroba] yahoo.com

Ilustración: Niko Fryd


Reflexionar sobre la relación entre arte y solidaridad lleva a sitios muy diversos y sobre todo a formularse una gran cantidad de preguntas de difícil respuesta. Sin embargo, antes de compartir esas preguntas se hace necesario establecer una definición de solidaridad que pueda justificarlas. No es fácil definir cosas que estamos tan acostumbrados a oír: intentar explicar algo tan común enseguida nos deja sin palabras; parece demasiado obvio que todos sabemos de lo que hablamos cuando hablamos de solidaridad. Sin embargo, al consultar distintas fuentes encontramos que en la práctica caben muchas y variadas manifestaciones de la misma.

El diccionario de la Real Academia Española define solidaridad como «adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros y también como modo de derecho u obligación in sólidum», (literalmente en total). Son sinónimos de solidario: federado, incorporado, fiel, amistoso, unido, coligado, asociado, fraternal, mutuo, unánime y conjunto. Y, si preguntamos a personas de nuestro entorno, encontraremos definiciones tan variadas como manantial, fuente desbordada, actitud o sentimiento que nos impulsa a la acción en favor de ayudar o aliviar al otro, respuesta de un corazón sensible a las necesidades, carencias, sufrimiento o limitaciones de otro, olvido de sí en pos del otro, etcétera. 

Con tantos adjetivos resulta difícil hacerse una idea concreta, pero parece claro que la solidaridad es algo común a las personas y para que exista debe existir el otro con quien se es solidario. Por tanto, una condición para que exista la solidaridad es que existan como mínimo dos personas. Otro aspecto común a las definiciones es que se trata de una entrega desinteresada, es decir, que nace de una profunda voluntad de unirse a la causa de otro. En este sentido, adherir a una causa que te beneficia directamente no sería algo solidario, y siguiendo esta misma consigna no se podría definir como solidario algo que implica una transacción, o mejor dicho: la pretensión consciente de obtener un beneficio concreto. Sin embargo, cuando una  causa es en pos del bien común, por lo tanto el tuyo también, se entiende como solidaria. Eso llevado a la práctica multiplica las posibilidades a la hora de clasificar un acto como solidario. Sin embargo, parece que hay sensaciones comunes a todas las personas al practicar la solidaridad: satisfacción y bienestar interior.


¿ARTE A CAMBIO DE QUÉ?

Al intentar trasladar estos conceptos al territorio del arte actual resulta complicado establecer una relación entre arte y solidaridad que se base en lo expresado anteriormente. Es indudable que existe una presencia fuerte del arte en la práctica de la solidaridad del hombre moderno: sólo en Google hay más de un millón de entradas para arte solidario, y a eso hay que sumar la cantidad de espectáculos y subastas de obras plásticas a beneficio de «buenas causas» que se hacen sin publicidad en la red. Estos datos parecen indicar claramente que existe una relación visible y potente entre arte y solidaridad. Eso sí, que esa relación sea realmente solidaria resulta complicado de establecer.

Al leer frases como «El certamen de arte solidario Venagua cumple su XVII edición», «la cuenta para ingresar su donación para que podamos seguir realizando nuestra labor solidaria es...» o «Arte solidario regala obras de arte a cambio de donativos para los supervivientes del terremoto en China», el concepto de ayuda desinteresada empieza a tambalearse, sobre todo por la necesidad de publicitar esa ayuda, por la necesidad de recibir/ofrecer algo a cambio de esta ayuda, en este caso la obra de arte. Si la obra de arte se usa como pago de esta solidaridad: ¿qué valor se le da a la obra de arte?


LA TELETÓN:
PARADIGMA DEL ESPECTÁCULO

No puedo acabar esta reflexión sin referirme a un evento en concreto que conozco muy de cerca: La Teletón. La Teletón es el evento solidario más grande que se realiza en Chile desde hace más de veinte años. Debido a la gran convocatoria y la cantidad de dinero que se reúne, se ha transformado en un acontecimiento internacional. Justamente por esta cobertura también se ha transformado en una plataforma para todos los que participan en él.

La Teletón se desarrolla de la siguiente manera: durante 27 horas ininterrumpidas todos los canales de televisión transmiten en la misma señal; y los presentadores, artistas y principales figuras del panorama nacional e internacional participan —sin cobrar por ello— en un espectáculo dividido en bloques temáticos previstos de acuerdo a las franjas horarias de programación. Los artistas que no alcanzan a participar del show en el plató lo hacen desde escenarios improvisados en distintos puntos del país o a través de contactos telefónicos. «27 horas de amor» le llama su presentador Mario Kroisberger (Don Francisco).

Se puede colaborar de dos maneras. Una es comprando los productos de las empresas adheridas a la campaña, que se publicitan en todos los medios un mes antes del programa. Y la otra, depositando dinero una cuenta habilitada para ello, que es recordada en una canción que se ha transformado en una de las señas de identidad de la campaña. Durante las 27 horas de amor, además de las actuaciones, vemos algunos documentales sobre la vida de niños discapacitados que La Teletón ha ayudado,  y también vemos subir al escenario a los representantes de las empresas adheridas a la campaña a donar un cheque que corresponde a un porcentaje de las ganancias de los productos que han vendido durante la misma. También, otras empresas e instituciones llevan voluntariamente su donación hasta el plató de televisión. Todo el dinero que se recauda va en beneficio de los niños discapacitados que no tienen dinero suficiente para una atención privada.

Nadie duda de que en estos años, La Teletón ha construido varios centros en todo el país y ha ayudado a muchas familias a salir adelante. Sin embargo, ante este despliegue de medios para poner en escena a tantos actores solidarios —cuyo resultado beneficia sin duda a un grupo concreto de personas—, surgen algunas preguntas. ¿Qué pagamos con la solidaridad y qué pedimos a cambio cuando la practicamos? ¿Por qué necesitamos que todo el mundo se entere de que somos solidarios? Y una última: ¿qué papel cumple el artista en este contexto solidario?

Una posible respuesta a esas preguntas la da Carlos Roldán López en la entrevista que mantuvimos en este número. (Clic acá para leerla.)


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