Clic, la música que amansa al internauta






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Clic, la música
que amansa al internauta

 

David Gilmore... Pero no el guitarrista de Pink Floyd, el otro. Los toques setenteros funk de Garaj Mahal. Razl (o como digerir la herencia de Frank Zappa sin asustar al público). El polifacético Will Calhoun, el hombre de las mil colaboraciones. ¿Es esa voz la de Billie Holiday pero en blanco? Sí, es Madeleine Peyroux. El jazz como organismo vivo, es decir, John Scofield. Aquí van seis propuestas, seis músicos con que programar tu radio virtual.

 

Pablo Contursi
pablocontursi[arroba]hotmail.com

 

Ilustración: Pablo Contursi:

 

David Gilmore. Posibilidad de unas antípodas. Al escucharlo, uno descarta enseguida cualquier vínculo con su doppelgänger supermillonario y superfamoso, el guitarrista de Pink Floyd de nombre similar. Sucede que este músico estadounidense (que tocó con Wayne Shorter y con Trilok Gurtu e integró la banda de fusión atípica Lost Tribe) ha desarrollado un estilo compositivo interesantísimo, imprevisible, que explora la irregularidad rítmica como constituyente sustancial de la música, y no como pasaje altamente decorativo a lo Return To Forever. En el lado oscuro de la fama pero en el lado brillante de la creatividad, Gilmore toca su guitarra como si el jazz estuviera más vivo que nunca. Su último disco solista es Unified Presence (2006).

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Garaj Mahal. Retorno a los setenta. Puedo seguir de memoria varias de las líneas de bajo de Kai Eckhardt en Live at the Royal Festival Hall (1990) del John McLaughlin Trio: tanto me gustaba, tantas veces lo escuché. Años después, en Mondo Garaj, primer álbum de estudio de Garaj Mahal, Eckardt había perdido toda orientación melódica y su sonido se había evaporado. En el reciente Woot, por suerte, recupera ambas cosas. Fared Haaque (el mismo que grabó con Sting en 1987) y Eric Levy aportan destreza con guitarra y teclados respectivamente, y Alan Hertz es sobresaliente en su dominio de la batería. ¿Un retorno al jazz-rock del pasado? Quizá, y lástima que no haya más temas como «Semos» y su 4 contra 5.

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Razl. Funk-jazz apto para todo público. Este guitarrista español grabó su último disco en 2008 con la colaboración de Mike Keneally (ex integrante de la banda de Frank Zappa) y Damian Erskine (sobrino del admirable baterista Peter Erskine). Aclara en su MySpace que en dicha ocasión no ha sido un aspecto preponderante la velocidad en la ejecución de su instrumento, y se identifica con el «jazz-funk», etiqueta musical que no hace sino desviar la atención: lo que importa es lo que suena, no qué palabras usemos para nombrarlo. Lo que suena en Rotonova (que así se llama el disco) está bien tocado, arreglado y producido. Y pese a una supuesta influencia de Zappa, es apto para todo público.

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Will Calhoun. Rockero jazzificado. Will Calhoun toca funk pesado con Living Colour, drum ‘n’ bass y música con influencias folclóricas tercermundistas («world music») con Doug Wimbish, jazz con Wayne Shorter, Pharoah Sanders y el amigo Gilmore, y funk con todos. Además, produce sus propias mezclas (de esas y otras cosas) en sus discos solistas. Native Lands, el último, junta nombres que justifican la curiosidad: Sanders y Wallace Roney, por ejemplo. Y allí, superpuestos a percusiones afro (lo que otros llamarían «étnicas») y electrónicas, los solos y las bases de batería no son obras de la casualidad: evidencian un crecimiento técnico y artístico producto de un meditado y atento acercamiento al jazz (y a las inconfundibles mañas de Elvin Jones).

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Madeleine Peyroux. Reviviendo a Billie. Ahora que la música mundial parece haber transferido todas sus acciones a la imitación de ritmos y sonidos de origen afro, no sorprende oír a esta estadounidense blanca cuyo estilo resulta tan similar al de Billie Holiday. Tampoco sorprende la falta de sorpresa, en verdad, porque ya a mediados del siglo pasado el mismísimo rock and roll surgió de esa transferencia cultural (o copia, o apropiación). Rock, funk, R&B, rap, hip-hop, incluso reguetón, incluso tango: escasa es la música popular contemporánea nacida sin esa impronta. Junto a Amy Winehouse, Joss Stone y Christina Aguilera (entre otras), Peyroux transita la época de las remakes empecinada en clonar el fraseo y el sonido de una cantante negra. Lo hace bien, y vale la pena.

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John Scofield. El jazz como organismo vivo. El 28 de mayo de 2008 este reconocido guitarrista estadounidense se presentó con su banda en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, y fui. Al principio me costó entrar en clima, pero después entendí que (como todo lo que existe y vive) Scofield había cambiado: no era aquel que secundaba a Billy Cobham en los 70, ni el que lideraba esa banda de «jazz eléctrico» en los 90. Lo que más me impresionó fue la naturalidad con que articulaba sus ideas musicales, y cómo el grupo entero (Bill Stewart, Steve Swallow, y una sección de vientos) se comportaba como un organismo fluctuante y al mismo tiempo equilibrado. This Meets That es su disco más reciente, pero en marzo saldrá uno nuevo.

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