Reseñas

Algunos amores son más imposibles que otros
Todos nos llamamos Alí, de R. W. Fassbinder

¿La belleza? En la basura
Los espigadores y la espigadora, de A. Varda


Textos cinéfilos

Tu película es mía y hago con ella lo que quiero (firmado: El distribuidor)
Sexo, mentiras y Hollywood, de P. Biskind

El genio inaccesible que necesitaba hablar por teléfono
Kubrick, de M. Herr

 





...........................

El autor y su obra

Peter Biskind ha sido jefe de redacción de la revista "Premiere" y director de American Film. Sus artículos han aparecido en The New York Times, Los Ángeles Times, The Washington Post y Rolling Stone, entre otras publicaciones.

Anagrama
Más sobre el cine indie
sobre Miramax
Quentin Tarantino
Festival de Sundance

 

 

SEXO, MENTIRAS Y HOLLYWOOD, DE PETER BISKIND

Tu película es mía
y hago con ella lo que quiero
(firmado: El distribuidor)

 

He aquí una espléndida crónica de cómo los gigantes de la distribución, con tal de maximizar sus ventas, censuran o recortan escenas a los directores noveles. Algunos como Tarantino resistieron la embestida de Miramax, otros no. El libro también cuenta la historia del Sundance Festival y explica cómo el cine indie se convirtió en dos décadas en un producto comercial más.

 

Óscar Soler P.
oscar_teina[arroba]yahoo.es

 

La industria del cine parece hecha de sueños... Con sus películas, la publicidad, las salas de cine o los logotipos de las distribuidoras. Sí, también con esos anuncios de unos pocos segundos que aparecen antes de la película: el de Filmax, Lauren Films, Universal Pictures o Miramax, por citar algunos. El sello de cada una de estas compañías, junto a una melodía onírica e incluso infantil, certifica la entrada en un nuevo mundo de hora y media o dos horas de duración. Cuesta lo suyo no sentirse como un niño al ver el logotipo o cuando oyes el estruendo del Stereo Dolby Surround.

En este sentido, Peter Biskind, autor de Sexo, mentiras y Hollywood, es como el compañero del colegio que te cuenta quienes son los Reyes Magos. Su libro es una bomba de relojería: cualquier ingenuo que creyese en duendecillos que financian películas para que la gente viva feliz y entretenida se da de bruces con la realidad. El mundo de sueños se derrumba cuando empiezan a desfilar en sus páginas un sinfín de personajes perversos, estafadores e incluso gente de mal vivir; toda una cuadrilla de auténticos mafiosos de la producción y distribución de películas.

PETER BISKIND:
EL ANTICRISTO DE LA INDUSTRIA DEL CINE

Biskind no se corta un pelo: 600 páginas repletas de historias escabrosas, chismes confirmados por unos y desmentidos por otros. En conjunto, una narración emocionante que se divide en varias tramas que el autor dosifica para que el lector no pueda parar de leer. El asombro y la indignación son dos efectos secundarios de la droga de Biskind; cada dosis complica más la posibilidad de abandonar los tres relatos de fondo: la historia de Miramax, la de los directores que tratan de salir del paso y, por último, la del festival de Sundance.

La trayectoria de Miramax encabeza la trama del libro. Biskind cuenta las andanzas de sus propietarios, los hermanos Weinstein, Bob y Harvey, dos tipos duros —sobretodo Harvey— capaces de cualquier artimaña con tal de conseguir los derechos de una película, de su distribución en videoclubs, en DVD, etc. En definitiva, los amos de una empresa famosa por no pagar comisiones, por esquivar a los acreedores y por saltarse las cláusulas contractuales que haga falta con tal de gastar lo justo. Sin olvidar la afición de Harvey por recortar escenas y montar películas tras haber cerrado el trato con sus responsables. Por alguna razón, el libro está plagado de discusiones —léase insultos y amenazas— entre directores y altos cargos de Miramax.

Y es que los 90 fueron los años de los distribuidores, de quienes manejan el dinero y cierran el trato con los cineastas. Biskind recuerda que en la década del 70 el asunto pintaba distinto: los autores de las películas eran, de principio a fin, los directores. Ellos eran quienes hacían hincapié en los personajes y la puesta en escena, en el guión, todo a una escala más íntima. Los encargados de vender el material no metían tanto las narices. Sin embargo, en menos de dos décadas el asunto ha cambiado y el cine independiente se ha convertido en otro gran negocio paralelo al de Hollywood. Que se lo digan a cineastas como Kevin Smith (Clerks), Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de video), o Quentin Tarantino, uno de los pocos que llevó a cabo sus proyectos tal y como los concibió, muy a pesar de Miramax.

HISTORIAS DE TIPOS DUROS:
LOS WEINSTEIN, REDFORD Y TARANTINO

El autor dedica capítulos enteros a Tarantino, quien más tarde sacaría de la estacada a Miramax con Pulp Fiction. Harvey Weinstein trató de recortar su ópera prima, Reservoir Dogs, uno de los símbolos del cine indie de los 90. En total unos cinco minutos extremadamente importantes para el director: la tortura de un policía al ritmo de un tema de los 70 —Stuck in the middle with you, del grupo Stealers Wheel—. Sin duda dicha escena tenía el sello personal de autor, en una secuencia de humor encarnizado que a punto estuvo de perderse porque la esposa de Harvey y su cuñada pidieron que la cortasen. Pero Tarantino era un don nadie que se creía dios, así que les hizo frente sin miedo a quedarse fuera del tinglado.

Junto a la historia de Miramax y los casos particulares de muchos directores, Biskind traza la trayectoria del festival de Sundance: desde su comienzo como festival regional,  hasta su conversión en un auténtico escaparate del cine. En este caso, el autor destaca la influencia y el tremendo poder que Robert Redford ejercía sobre un festival que estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones, pero que inexplicablemente salía del paso. Basta decir que en sus inicios los distribuidores consideraban peligroso exhibir allí las películas porque solían convertirse en batacazos comerciales. Pero Sundance era algo más que un lugar de riesgo: aquel sitio entre pistas de esquí —de algún modo tenían que llamar la atención— incluía talleres para nuevos directores, donde debatir y desarrollar guiones. El visionario de Redford pretendía conseguir una cuna para el aprendizaje, a pesar de someter al festival a un abandono continuo.

Según Biskind, Redford con Sundance y los Weinstein con Miramax fueron el yin y el yang de la industria del cine; aunque luego todo pasó al mismo lado oscuro del cine comercial. Con su historia y con la de los perdedores —los directores con sus libretas repletas de guiones—, el autor consigue una obra que rompe mitos: un ensayo soberbio que humaniza los tejemanejes de las empresas dedicadas al cine. Y no sólo eso: aprovecha también para contar las bajezas de varios responsables de una industria que dista bastante de estar al servicio de Papá Noel.

 

 

Arriba